“Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia no es un acto, sino un hábito” – Aristóteles

 

¿Sabías que estudios de la Universidad de Duke estiman que el 40% de nuestros actos son rutinas que se han ido integrando en nuestro comportamiento y que repetimos muchas acciones sin tener conciencia de ello?

¿Y sabías que se calcula que tenemos unos 60.000 pensamientos al día, y que la mayoría de estos son iguales a los que tuvimos el día anterior?

Dicho de otro modo, vamos repitiendo, día a día, la mayoría de nuestros actos y de nuestros pensamientos, casi sin darnos cuenta.

Vamos actuando en lo que se conoce como transparencia; es decir, de manera no reflexiva, no pensante, no deliberativa.

Cuando abrimos una puerta, cuando caminamos, cuando hablamos por teléfono, cuando nos lavamos la cara, etc., lo hacemos como si estuviéramos en piloto automático. Esto sucede porque desarrollamos patrones de conducta que repetimos de modo sistemático en el tiempo; hábitos que nos llevan a actuar de manera automática –tan automática que muchas veces operamos sin siquiera darnos cuenta de que es posible hacer las cosas de manera diferente, bien porque las circunstancias cambiaron, bien porque la acción ya no es efectiva.

 

Mantener, Modificar o Crear Hábitos Nuevos

Los hábitos comienzan como una acción única y deliberada que surge de la evaluación de diferentes posibilidades para una situación determinada, en un momento determinado. Por ejemplo, la primera vez que nos dirigimos a un lugar que no conocemos tomaremos ciertas decisiones como qué camino elegir, con cuánto tiempo de antelación salir de casa, si conviene ir en auto o elegir otro medio de transporte, etc. Sin embargo, con el transcurso de los días, esas decisiones pasan a ser acciones repetidas que hacemos en transparencia y que cumplen, entre otras cosas, la función de ahorrar esfuerzo a nuestro cerebro.

Los hábitos que mantenemos pueden abrirnos o cerrarnos posibilidades, es decir, pueden ser beneficiosos o perjudiciales para nosotros, por eso la importancia de tomar conciencia de éstos para poder decidir cuáles mantener, cuáles modificar, cuáles descartar y cuáles incorporar a nuestra rutina en beneficio de lo que queremos lograr.

Normalmente un hábito está relacionado a un beneficio o a algo que fue beneficioso en un momento determinado. Tomando un poco el ejemplo anterior, imaginemos que tomamos cada día cierta ruta para llegar a determinado lugar. ¿Qué pasa si un día vamos manejando y nos encontramos con que el camino está cerrado por reparaciones? Tendremos que evaluar, consciente y deliberadamente las opciones del momento y decidir de manera reflexiva cuál de estas opciones resultará más beneficiosa en pro de nuestro objetivo que, en este caso, será quizás llegar a destino en horario. Al día siguiente se disparará una alarma dentro nuestro que nos recordará que tenemos que seguir el camino B porque el camino A está cerrado. Con el correr de los días la alarma ya no se “sonará” y tomar el camino B pasará a ser habitual (hasta que suceda algo que rompa con la transparencia)

Lo mismo pasa con nuestras rutinas. Un día, algo que fue beneficioso en determinado momento o lugar ya no lo es (o al menos no tanto), pero resulta que seguimos repitiendo conductas como si nos recompensaran de la misma manera que antes, y seguiremos haciéndolo si no nos observamos y no reflexionamos sobre las mismas.

Algo que nos puede ayudar para no caer en la trampa de la repetición sin reflexión es hacernos preguntas del tipo:

¿Esto que estoy haciendo habitualmente me sirve?, ¿es útil?, ¿me beneficia?, ¿me acerca a mis objetivos?

Únicamente sabremos si nos conviene mantener, modificar o descartar un hábito si lo evaluamos desde la reflexión.

Una vez que hayamos llegado a alguna conclusión y decidamos, por ejemplo, que queremos incorporar nuevas acciones que nos beneficiarán de algún modo, tendremos que tener en cuenta que estas no se convertirán en hábito si no se han repetido durante, al menos, entre 21 y 30 días. Para esto, además de motivación, necesitaremos, por supuesto, un alto nivel de compromiso.

Los hábitos tienen el gran poder de moldear realidades. Lo bueno es que los hábitos beneficiosos también pasarán a ser parte de nuestra rutina y en un momento los haremos en transparencia; es decir, nos iremos beneficiando de estos incluso yendo en modo automático.

 

¿Qué vas a elegir hacer repetidamente?

 

“Cuida tus pensamientos, porque se convertirán en palabras. Cuida tus palabras, porque se convertirán en acciones. Cuida tus acciones, porque se convertirán en hábitos. Cuida tus hábitos, porque se convertirán en tu destino” -Mahatma Gandhi.

 

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