Hace unos días me preguntaban por qué prefiero la palabra “rediseñarse” a reinventarse y por qué hago tanto hincapié en su diferenciación. Para mí es simple y tiene que ver con el significado que le atribuyo, desde mi perspectiva, a cada una de estas palabras.

La verdad es que “reinventarse” siempre me hizo ruido. Hay un no sé qué en su semántica que me incomoda desde la primera vez que la escuché y sin saber muy bien por qué, casi que prefería no usarla.

Cuando comencé mi propio proceso de rediseño (que para mí va de la mano de sacar lo mejor de la esencia de cada uno) en el que descubrí en qué quería especializarme, hice una investigación bastante exhaustiva que incluyó historia, etimología, usos y contextos de cada una de estas palabras. Fue al sumergirme en cada letra cuando todo tuvo sentido y me di cuenta del porqué de mi elección.

Cuando iniciamos un proceso de rediseño lo que buscamos es descubrir y potenciar nuestros talentos, alineando las acciones necesarias con nuestros valores y con el propósito de nuestro aporte. Y para esto necesitamos bucear en nuestras preferencias, en nuestros conocimientos, en nuestros objetivos, nuestras ganas, nuestros valores y nuestros colores. Necesitamos hacer una búsqueda de adentro hacia afuera. Solamente de esa manera podremos trabajar y consolidar nuestra identidad profesional.

Rediseñarse va de la mano de la adaptación, pues tiene que ver con utilizar los recursos con los que contamos y que están dentro nuestro, de la mejor manera posible, para lograr lo que nos hemos propuesto.

Reinventarse, sin embargo, suele tener lugar cuando nos enfrentamos a cambios importantes en la vida y en el entorno que habitualmente ocurren de forma inesperada. La reinvención, por lo tanto, pareciera estar provocada por un elemento externo que impulsa el cambio. Cuando el impulsor o catalizador del cambio viene de afuera, obliga muchas veces a modificar gustos e incluso valores y relaciones…todo lo contrario a lo que propone un proceso de rediseño.

Para mí rediseñar implica mejorar algo que ya existe, darle vueltas, moldearlo y modelarlo, enriquecerlo o embellecerlo, pero con la premisa de mantener siempre su naturaleza original.

Por eso un proceso de rediseño te ayuda a sacar lo mejor de ti. Porque te ayuda a bucear en tu bagaje, observa tu esencia, lo que es importante para tí, lo que guía tu vida, tus virtudes, tus gustos y tu pasión para que hagas los ajustes necesarios que te acerquen al resultado que buscas y todo esto se traduzca, a su vez, en un mejor acompoañamiento y aporte a tus clientes.

Por eso propongo rediseñarse a reinventarse y por eso te invito a rediseñarte, desde tu centro, desde tu corazón. Porque cuando sacas lo mejor de ti, desde un trabajo focalizado y transformador, te beneficiarás tú, se beneficiarán tus clientes y todo lo que los rodee.

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