Seguramente has escuchado que “para lograr lo que quieres tienes que salir de la zona de confort”, pero ¿qué es exactamente la zona de confort?. Y si salgo de ella, ¿hacia dónde me dirijo?

La zona de confort es el espacio en el que se encuentra todo aquello que conocemos y con lo que estamos habituados, sea efectivo o no, sea potenciador o no, sea beneficioso o no. Incluye, entre otras cosas, hábitos, actitudes, rutinas, conocimientos, conductas, personas, métodos…

Cuando estamos en esta zona nos sentimos seguros, ya que nos movemos en un ambiente que conocemos y en el que encontramos todo lo que necesitamos para desarrollarnos personal o profesionalmente.

Sin embargo, permanecer en esta zona deja de ser eficaz cuando aparece un deseo (interno) o una necesidad (externa) de cambio. Si ante las nuevas circunstancias no buscamos nuevas opciones, lo que sucederá es que repetiremos métodos, conductas, rutinas o hábitos que, si bien pueden haber sido muy útiles en cierto momento y ante ciertas circunstancias, dejan de serlo en el nuevo escenario.

Entonces, puede pasar que nos sintamos mal o incómodos en nuestro día a día al no alcanzar los resultados que deseamos, ya sea porque no contamos con las herramientas, o porque los miedos, las ideas y las creencias limitantes no nos permiten salir a explorar.

Sería un poco como estar sentado en el sillón observando por la ventana el horizonte maravilloso y prometedor que hay allí afuera, desear mucho salir y disfrutarlo, pero elegir quedarse sentado en el sofá y quedarse en casa “por las dudas”. Aparecen conversaciones internas: ¿Y si en realidad no es tan lindo como parece?, ¿o, si por el contrario, es muy bello y me deslumbra? Quizás haga mucho frío; o tal vez mucho calor. ¿Y si el camino es más largo de lo que parece desde mi ventana? ¿Y si algo o alguien me dice que no puedo o que no es para mí? Ante todo esto, es más fácil quedarse en en casa, después de todo es más cómodo y “no pierdo nada”.

Sin embargo, cuando quedarse estático durante mucho tiempo empieza a molestar, cuando ver la vida pasar por la ventana empieza a incomodar, cuando brota el deseo de cambiar y comenzamos a movernos y a accionar, entramos en lo que algunos llaman la zona de aprendizaje. A mí me gusta más llamarla zona de desarrollo o expansión. Me invita a volar.

En la zona de expansión se encuentran todas esas cosas que hacemos para aumentar nuestras posibilidades. Desde estudiar, experimentar, viajar, aprender nuevos idiomas, hasta contactar con gente que no conocíamos, disfrutar de un pasatiempo, leer, buscar ayuda…En resumen, todo aquello que nos permite ampliar nuestras habilidades y que, en consecuencia, amplía la percepción que tenemos sobre nuestra propia capacidad de superación.

Es aquí, en esta zona, donde nos preparamos para afrontar nuevos retos, donde emprendemos, donde nos hacemos de herramientas para disipar creencias limitantes, nos fortalecemos, nos desarrollamos, tomamos fuerza, y como ya no nos conformamos con conformarnos, nos disponemos a dar el gran salto hacia lo que queremos.

La última zona, llamada por algunos zona mágica, es aquella zona hacia la que nos dirigimos en camino a nuestra autorrealización. Yo la llamo zona de posibilidades. ¿Por qué?  Porque después de habernos animado a abandonar lo conocido, después de haber ampliado nuestros conocimientos y, sobre todo, después de haber crecido como personas, nos esperan grandes posibilidades.

En esta zona están nuestros objetivos, nuestras metas, nuestros deseos, nuestros retos, nuestro cambio, nuestro crecimiento. Cuando llegamos aquí no solo nos sentiremos realizados, sino que además nos habremos preparado para seguir expandiendo nuestro espacio.

Cada uno de nosotros ve un horizonte diferente desde su ventana y en cada uno de nosotros está la posibilidad de salir a explorarlo.

La invitación es a animarse. ¡Lo mejor está por venir!

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