Todos sabemos que fin de año en una época en la que acostumbramos a hacer un balance de lo que vivimos durante el año, una época en la que nos replanteamos los logros obtenidos, reflexionamos sobre los objetivos que hemos alcanzado y los que han quedado en el camino; es también un recomenzar y, en muchos casos, un renacer. En general, es un buen momento para plantearnos objetivos, visualizar logros futuros y crear posibilidades. La energía y la motivación para hacer cosas nuevas suelen estar altamente potenciadas y la aprovechamos para plantearnos propósitos o hacernos listas de “cosas a cambiar”, “cosas a mejorar”, “cosas que queremos dejar de hacer”…

¿Sabías que hacer ejercicio, dejar de fumar y aprender algo nuevo son los tres propósitos de fin de año que encabezan el “top 10” de los propósitos de la gente en esta época?  La mayoría de los objetivos que nos planteamos tienen que ver con abandonar o cambiar hábitos que restan, o con establecer hábitos nuevos que nos hagan la vida mejor.

¿Y sabías que según un estudio realizado por la Universidad de Scranton, Pennsylvania, solo el 8% de las personas cumple sus metas durante todo el año?

Una de las causas por las que este número es tan bajo es porque ante un subidón de motivación y autoconfianza como el que nos da en esta época, cometemos no solo el error de proponernos muchas cosas a la vez (listas interminables a veces), sino que nos llenamos de “qués” y no contemplamos el “cómo” vamos a lograr cada una de estas metas.

La falta de un plan de acción, la caída lógica y normal del entusiasmo y la sensación de no estar cumpliendo con todo lo que nos habíamos propuesto hacen que luego de unos meses abandonemos muchos de estos objetivos y experimentemos frustración, enojo con nosotros mismos, sentimiento de culpa y sensación de falta de autocontrol. No exactamente lo más indicado aumentar la autoestima y la automotivación, ¿no?

Hablo de fin de año porque es un período en el que muchos de nosotros conectamos con nuestros sueños y objetivos, pero cualqueir momento del año es un buen momento para ser parte del 8% que sí mantiene sus resoluciones en el largo plazo si pones en práctica algunos pasos bastante sencillos pero efectivos.

¿Ya escribiste tus objetivos a corto, mediano y largo plazo? Si no es así, te invito a que lo hagas ahora. Tomate tu tiempo y cuando los tengas fíjate si tienen que ver con hábitos negativos a cambiar o con hábitos positivos a incorporar.

Ahora que los tienen identificados, te invito a que te hagas las siguientes preguntas:

  • ¿Es mi propósito asequible y realista?

Como he comentado, la motivación en algunos momentos suele estar muy alta, as;i como el nivel de optimismo y de confianza ante nuevos comienzos. Por eso es bueno parar y reflexionar. ¿Me estoy prometiendo algo que voy a poder cumplir o me estoy diciendo cosas del estilo “este año voy a ir al gimnasio de lunes a viernes? Evita que la meta sea muy extrema, recuerda que incorporar nuevos hábitos requiere un tiempo prudencial. Es mejor empezar con pequeños pasos que se irán haciéndose más grandes a medida que pasa el tiempo. Puedes leer más sobre los hábitos en mi artículo: La importancia de los hábitos: Somos lo que hacemos repetidamente

  • ¿Los tiempos establecidos son prudenciales para cada propósito?

Busca poner tiempos y evita que tu lista de objetivos se vea como una gran pila de cosas para hacer “ya mismo” y de la mejor manera posible. Con esto te evitarás el agobio y el cansancio mental que genera el solo hecho pensar en todo lo que deberías hacer

  • ¿Tengo un plan de acción para cada propósito?

Como decíamos antes, escribir nuestros propósitos de fin de año o nuestros objetivos nos indica “qué queremos logar”, pero no nos muestra el “cómo vamos a llevarlo a cabo”.

Pensar en la llegada es excelente, pero como sabemos, para terminar una carrera hay que dar una serie de pasos. Por eso, plantea el proceso, el paso a paso, ponte un tiempo límite, reflexiona sobre si podrás hacerlo solo o necesitarás pedir ayuda y si es así a quién, haz números, etc.

Lo ideal es concentrarse en un propósito a la vez y trabajarlo a conciencia. Uno de los mayores beneficios de hacer esto es que el logro de un propósito mejorará la confianza en ti mismo, la cual, a su vez, aumentará tu percepción de confiabilidad e incrementará tu autoimagen, tu autoestima y tu motivación. ¿Qué tal? Suena bien, ¿no? Pues… es así, y si no me crees pruébalo tú mismo 🙂 

Por en práctica los siguientes pasos:

  • Escribe, escribe y escribe – No dejes ninguna de tus metas en tu cabeza y pásalas al papel, este es el primer paso para concretarlas.
  • Simplifica – convierte tu objetivo en una serie de acciones simples. Pregúntate, por ejemplo: ¿qué acción simple o fácil podría hacer hoy mismo para empezar a trabajar en mi objetivo?
  • Sé constante – la práctica diaria lleva a logros extraordinarios. Hay una frase de Ralph Waldo Emerson que me encanta: “Todo artista fue primero un aficionado”. En la misma línea, creo que toda persona que lleva a cabo sus propósitos fue primero un soñador. Pero la diferencia entre un soñador y un emprendedor es que el primero se queda en el mundo de las ideas y el segundo las ejecuta.

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